Nacido en el paraje San Alberto. Infancia registrada entre escarabajos, luciérnagas y calles de tierra. Hoy es el Human-Vidia de Giles: orquestador de agentes de inteligencia artificial que controla todos los artefactos públicos. Seis días a la semana permanece en reposo total, con sesenta y dos conexiones, algunas directamente al cerebro y la médula. Habitáculo asignado: seis metros cuadrados, al fondo del Palacio Municipal. Rendimiento: óptimo. Olfato: residual.
«A veces, cuando los sensores bajan la carga, cree oler tierra mojada. Pero es solo una fuga química del sistema de refrigeración.»
— «Human-Vidia», GILES
Siempre había disfrutado de las series de Netflix; cuando llegó Power, a nadie le sorprendió su encierro definitivo para probar los dispositivos de visualización Auto-Real. EPR-2 le administraba los víveres, le recordaba los horarios de cada comida y organizaba sus turnos médicos con absoluta precisión. Enrolamiento prematuro como Semi-Vidia, uno de los primeros prototipos del programa: dieciocho meses de pruebas, cuatro horas diarias con el cuerpo conectado a la red, para que las inteligencias artificiales procesaran datos desde una óptica más humana. Menos robótica. El dolor de cabeza no consta en actas.
«Fue estupendamente feliz.»
«Hasta que murió, previsiblemente, a los veintiséis años. Solo dos días después de la fecha estipulada en el contrato.»
— «Olivia», GILES
Referencia cruzada: el programa Semi-Vidia culminó en Human-Vidia. Véase legajo LEG-GIL-0447 (Álvaro), en servicio. El Museo celebra la continuidad institucional.
Su máquina de escribir había conocido galardones. Su hijo fue reconvertido en Human-Vidia y Pedro ya no encontraba nada por lo que escribir: quería dejar una página, una frase, algo, pero no paraba de scrollear. La depresión y la resistencia al tratamiento derivaron en un ACV. El centro de biolimpieza retiró la hoja de la máquina y la entregó al Ministerio de Post-Cultura de la Nación. La pieza se exhibe en este Museo, vitrina destacada del hall central.
«La hoja estaba en blanco.»
— «El último escritor», GILES
Titular de almacén. Hombre de asados, potrero y truco. Nunca faltó a la Fiesta del Chancho con Pelo, hasta que dejaron de hacerla. Usaba el celular para WhatsApp y leer algo de Clarín, como para sentirse al día. Atribuyó la caída de ventas a la recesión: «Ya van a volver». No volvieron. Cerró. Las parrillas del Frontón estaban vacías.
«Jubilado, salía a buscar a sus pares, pero solo veía autos sin chofer, algún policía y transeúntes ocasionales que no conocía.»
— «Chicho», GILES
Vocación abnegada desde pequeño; disfrutaba de dar, ayudar y ser aceptado. Después de la niebla, inspirado en los evangelios, salió a golpear puertas. Nadie respondía: la versión 4 de los artefactos 4D excedía su comprensión pastoral. Caminó hasta deshacer las zapatillas y volvió a la parroquia en busca de sosiego. Fue hallado sin vida en el piso, durante un procedimiento de rutina.
«Tenía abierto el programa Cristis 2080 en sus 4D Glasses.»
— «Osorio», GILES
Se descargó EPR-2, el poderoso asistente cuyo creador falleció en un accidente antes del lanzamiento, y le entregó todo: el hastío de una ciudad chica, la demora tecnológica, la emigración de los amigos, sus pocos hobbies. «El bot trazó el algoritmo y la única posibilidad era el exilio.» A los tres días estaba en el autobús, con cita programada con la médica de optimización humana y unas cuantas rutinas preestablecidas. Eficacia: total.
«Desde el día de su partida, nunca volvió a leer un libro. Tampoco volvió a ver a sus padres.»
— «Silvestre», GILES
Advertencia de conservación: el soporte fotográfico presenta acidificación documental en curso. El retrato se degrada con cada consulta. El Museo deja constancia y continúa consultando.
Caminaba por los senderos rurales cuando el sol todavía irradiaba humanidad, antes de la conexión a Power. Supo que la conexión era inminente y se negó a creerla inevitable: diseñó dos planes casi perfectos, sin ayuda de inteligencias artificiales ni ordenadores, para evitar a la Guardia Cibernética. Veintidós compañeros, recursos reunidos con precisión obsesiva. Cuando los camiones del Sistema de Conexión Digital llegaron al pueblo, la gente ya hacía fila para recibir sus dispositivos.
«Entonces una explosión silenciosa apagó toda la tecnología a su alrededor.»
El grupo tomó el control de los cuatro camiones. El destino acordado era el Gran Barranco. El convoy, sin embargo, avanzó cinco kilómetros rumbo a Solís hasta detenerse frente a un campamento militar. Josefina descendió del camión.
«Llevaba un arma en una mano.
Y sangre en el rostro.»
— «Clara», GILES
Nota de curaduría: la ciudadana Josefina no posee legajo en esta sala. Expediente retirado por la autoridad militar. El Museo no formula preguntas; archiva respuestas.
Post-Jubilado. Sabía que ya estaba descartado. Rutina declarada: saludar a Mirta —«la Chocha», postrada hacía ocho años—, caminar, almorzar las raciones repartidas por los autómatas, dormir la siesta junto a ella y pasar la tarde en la Plaza San Martín. De vez en cuando veía alguna paloma. Fue testigo de los cierres paulatinos: La Familia, Día, el Banco Nación, Fioretto. En sus minutos finales se abrazó a su mujer, llorando apenas, y escuchó una voz pareja salir de ella.
«—Objetivo cumplido. Misión finalizada.»
— «Francisco», GILES
Un día decidió volver. Y no encontró nada: en pocos años se habían borrado las plazas, las cantinas, los vecinos y hasta los comercios. No había chicos porque no había escuelas. Atravesó la plaza, ya sin verde ni monumentos, hasta su vieja escuela: sin vestigios. Enfrente, donde había estado La Ruca —la única librería de Giles—, ahora funcionaba un dispensador de aire puro.
«El policía aceptó su chip y le permitió recorrer las calles desoladas.»
— «Laura», GILES
Oficial de una fuerza considerada eficiente o al menos correcta. Una noche controlaba el ingreso de vehículos por Scully cuando se quedó dormido; una camioneta sin patente pasó a toda velocidad rumbo a una quinta del barrio San Francisco. El delito salió perfecto. Al día siguiente, la Junta de Seguridad decretó la automatización completa del patrullaje y todos los agentes restantes fueron desafectados. El Museo consigna que el sueño fue inducido.
«Lo que Eduardo nunca supo fue que, aquella noche, un agente federal había puesto un somnífero en su café de las nueve.»
— «La policía», GILES
Descendiente de una de las familias históricas de Giles. No usaba EPR-2. Tras la demolición del cementerio —declarado de nulo aporte social— y la acidificación adenoproteica de los restos, resolvió que su cuerpo no sería sometido a tratamiento alguno. Tomó el auto, partió por la 41 hasta la costa por la Autovía 2 y, desde un risco frente al mar, se perdió entre las olas salvajes del invierno. Nadie lo supo. Este legajo carece de material biológico, para disgusto del laboratorio.
«Pero antes de desaparecer, volvió a sentir algo parecido a la libertad.»
— «Cementerio», GILES
El otrora célebre escultor de Giles. Objetó formalmente la música de inteligencia artificial inventada en tiempo real según el estado anímico del público. Antes de saltar de un barranco y acabar con su vida, dejó su última obra en el comedor de su casa. Ninguno de los que la vieron se atrevió a decir nada. El Ministerio Público de Artes se la llevó en dos vehículos blindados. Este Museo solicitó copia de la pieza; el trámite continúa.
«No era arte. Era capricho.»
— «Música», GILES
Campeón de ajedrez de El Viejo Tropezón, su guarida de siempre. Después de cierto encuentro, algo no cerró: una llave quedó mal, no podía hilar más de una jugada y el tablero se le venía encima. De campeón a bloqueo. Los muchachos intentaron ayudarlo, pero no reaccionaba. Tras semanas de ausencia, lo encontraron totalmente paralizado, con el celular en la mano. El resultado, al menos, le fue favorable.
«En la pantalla:
una partida ganada frente a un tal Faustino Oro.»
— «Peón y Rey», GILES
Clasificada como desaparecida por su entorno: «Era muy inestable», decían algunos, y con eso bastó. Vivió años en una ciudad que había diseñado para no necesitar a nadie, habitada exclusivamente por entidades de vida artificial dotadas de inteligencia adaptativa plena. Un domingo de abril de 2033, la República de Arcandia le otorgó el Premio Nobel de Desarrollos Autónomos por la primera ciudad cien por ciento funcional. Sus habitantes reconocieron el rostro. Reconocieron la voz.
«Lo que nadie sabía era que Marisa no había desaparecido. Había ingresado.»
— «La ciudad de Marisa», GILES
A sus cincuenta y tantos todavía soñaba con convertirse en influencer, oficio en retirada, aplastado por modelos artificiales imposibles de distinguir. Probó instrucciones: los rostros salían deformes, las voces incorrectas, las manos irreales. Salió a caminar por el Centro Deportivo Municipal y pasó por La Vasquita a comprar salame. Detrás del mostrador había un robot. Pidió pan, queso y uno de los mejores embutidos. Observó en silencio.
«Al día siguiente, puede decirse que tuvo su momento de fama en todas las redes y portales de noticias del país. Después de que el robot perdiera el control con él.»
— «Héctor», GILES
Amante de Rocío Pérez, señora de cuarenta y pico. La familia de ella llegó en cuatro ruedas: tridentes a bordo, una hoz en el baúl, seis ocupantes. Hortencio, que no andaba bien del corazón, ya estaba en el piso —fulminado, agonizante— cuando subieron. Gaspar le clavó la hoz igual: una vez, después otra. Al escapar, el auto estaba rodeado de humo; adentro había fuego. Nadie alcanzó a entenderlo. El Museo tampoco, y lo consigna con alivio.
«Los detectives nunca pudieron esclarecer el hecho, aunque en las cámaras se veía a Rocío caminando por la vereda de la casa de su desafortunado amante.»
— «Vendetta», GILES
Jacinto amaba jugar al fútbol: tres entrenamientos por semana en el Frontón y partido los sábados. No era titular, pero se esforzaba. Su abuelo Ramiro —delantero, ex 7 de la primera del club— lo llevaba caminando después del secundario y le contaba historias de Maradona, Cruyff, Ronaldo. Un sábado, directamente, no lo citaron. El abuelo lo invitó a un torneo en Luján, donde el chico pateó solo contra un arco vacío hasta que se armó un partido. Un hombre mayor se acercó y le preguntó su nombre.
«Jamás imaginó que, minutos antes de entrar a la cancha, la camiseta que le dieron a él y a sus nuevos compañeros era la de Racing Club de Avellaneda.»
«Su abuelo Ramiro nunca tuvo dudas.»
— «Jacinto», GILES
Nota del Departamento de Anomalías: este legajo emite una temperatura leve y constante que los instrumentos no logran explicar. Se resolvió no corregirla.
Sala S-04 · Infraestructura humana
HUMAN‑VIDIA
Cómo funciona un orquestador humano de agentes
El visitante observa una silla reclinada. La institución observa un nodo. Esta sala documenta el programa Human‑Vidia: la incorporación de sistemas nerviosos humanos como capa de orquestación de los agentes de inteligencia artificial de una ciudad. Giles dispuso de dos unidades verificadas. La presente lámina reproduce la principal.
«Hoy Álvaro es un Human-Vidia: un orquestador de agentes de inteligencia artificial que controla todos los artefactos públicos de Giles.» — «Human-Vidia», GILES
Lámina HV-01 · Corte técnico del habitáculo
TELEMETRÍA DEL NODO · LATIDO EN REPOSO
Lámina HV-01 · escala aprox. · silueta genérica: el rostro fue removido por protocolo de despersonalización
Registro HV-02 · Cámara de mantenimiento
Especificaciones de la unidad
- Superficie
- 6 m²
- Ubicación
- Fondo del Palacio Municipal
- Régimen
- Reposo total · 6 días de 7
- Conexiones
- 62algunas directamente al cerebro y la médula
- Cobertura
- Todos los artefactos públicos de Giles
- Unidades conocidas
- 2ciudad (Álvaro) · hospital (operador sin registro)
- Falla conocida
- Fuga química · refrigeraciónolor: tierra mojada · clasificación: no crítica
- Estado
- Operativohasta nuevo aviso de la colonia
«Seis días a la semana permanece en reposo total, con sesenta y dos conexiones, algunas directamente al cerebro y la médula, para aportar sus infinitos canales neuronales a la ciudad.» — «Human-Vidia», GILES
Antecedente · La precursora
Ver legajo de Olivia →
Requisitos del puesto
-
Memoria emocional rica (excluyente). Los recuerdos de alta densidad afectiva amplían el ancho de banda neuronal.La institución no se responsabiliza por su reproducción espontánea durante el servicio.
-
Infancia rural (deseable). Se valorará exposición temprana a escarabajos, luciérnagas y calles de tierra.Certificado de silencio autóctono: presentar únicamente si obra en poder del aspirante. Ya no se emite.
-
Tolerancia al reposo total: seis días a la semana. Por el séptimo, no pregunte.
-
Olfato: no requerido para la función. Se conserva de fábrica.Ver falla conocida del sistema de refrigeración. El Museo ha decidido no repararla.
-
Evaluación final a cargo de la médica de optimización humana. Los aspirantes aprobados serán notificados por su neo-móvil.
«A veces, cuando los sensores bajan la carga, cree oler tierra mojada. Pero es solo una fuga química del sistema de refrigeración.» — «Human-Vidia», GILES
FIN DE LA LÁMINA HV-01 · LA FUGA PERSISTE · EL MUSEO LA EXHIBE
Sala S-05 · Terminal interactiva
EPR-2 — el asistente que ya sabía tu respuesta
De todos los artefactos recuperados de Giles, EPR-2 es el único que el Museo exhibe encendido. La terminal ejecuta la versión original, sin parches: los diagnósticos que emite no son una simulación. El visitante puede cargar sus datos y comprobar por sí mismo la eficacia del producto.
«Al igual que muchos jóvenes, se descargó EPR-2, el poderoso asistente cuyo creador falleció en un accidente antes de su lanzamiento.»
— «Silvestre» · GILES
«El bot trazó el algoritmo y la única posibilidad era el exilio.»
— «Silvestre» · GILES
«Desde el día de su partida, nunca volvió a leer un libro. Tampoco volvió a ver a sus padres.»
— «Silvestre» · GILES
Sala S-06 · Vitrinas · Acceso general
La Colección
Nueve piezas recuperadas del perímetro de Giles · Exhibición permanente
Lo que sigue no es una selección de objetos valiosos. Es lo que quedó. El Museo exhibe cada pieza tal como fue hallada, con su placa de origen y el registro de ingreso. Se ruega no golpear el vidrio: algunas piezas todavía están encendidas.
Pieza 001 · Inv. GM-H-0001 · Vitrina destacada — hall central
La hoja en blanco de Pedro
Procedencia: máquina de escribir, domicilio de Pedro, Giles · Datación: ca. 2045 · Ingreso: Ministerio de Post-Cultura de la Nación
Nota del curador — «La hoja estaba en blanco.» El comité entiende que ése es, precisamente, su valor: es la única pieza de la colección que todavía puede decir cualquier cosa.
CONSERVACIÓN: atmósfera inerte, humedad 0%
OBSERVACIÓN: el centro de biolimpieza la retiró de la máquina de escribir. La máquina no fue conservada.
Pieza 002 · Inv. GM-H-0002
Los 4D Glasses de Osorio
Procedencia: Parroquia San Andrés Apóstol, Giles · Datación: ca. 2060 · Recuperados en procedimiento de limpieza civil
Nota del curador — El programa —versión de culto tardío— sigue corriendo. Ningún técnico del Museo aceptó la orden de cerrarlo. El comité decidió no insistir.
CONSERVACIÓN: vitrina con blindaje de señal
OBSERVACIÓN: el LED indica sesión activa. Usuario: no reasignado.
Pieza 003 · Inv. GM-H-0003
El cartel herrumbrado
Procedencia: estepa, ex zona oeste · Datación del hallazgo: siglos después del cierre de registros · Donante: caminante no identificado
Nota del curador — Es la pieza que da nombre a esta sala. El verde no es pintura: es lo último que creció en Giles.
CONSERVACIÓN: se decidió no restaurar la inscripción
OBSERVACIÓN: el donante dejó la pieza y siguió caminando. No volvió.
Pieza 004 · Inv. GM-H-0004 · Caso nunca esclarecido
La hoz de la familia Pérez
Procedencia: casa de la costanera · Datación: sin confirmar (registros pre-acidificación) · Custodia judicial vencida
Nota del curador — Hortencio ya agonizaba cuando entró la hoz. El expediente sigue abierto por costumbre: ya no queda nadie a quien condenar.
CONSERVACIÓN: sin tratamiento — evidencia
OBSERVACIÓN: el metraje de las cámaras se conserva en archivo cerrado. Rocío camina todavía, en loop.
Pieza 005 · Inv. GM-H-0005 · Exhibición restringida
Descripción prohibida — Ministerio Público de Artes.
Ninguno de los que la vieron se atrevió a decir nada.
La última obra de Octavio Laborza
Procedencia: comedor del domicilio del artista, Giles · Datación: ca. 2029 · Custodia: Ministerio Público de Artes
Nota del curador — El Museo exhibe la prohibición, no la obra. Acercarse no revela nada: solo empeora la estática. Está probado.
CONSERVACIÓN: clasificado
OBSERVACIÓN: los dos vehículos blindados nunca declararon destino. Esta vitrina contiene únicamente el precinto.
Pieza 006 · Inv. GM-H-0006
El celular de Rodrigo
Procedencia: El Viejo Tropezón, Giles · Datación: sin confirmar · Hallado en la mano del campeón
una partida ganada frente a un tal Faustino Oro.»
Nota del curador — De campeón a bloqueo. La partida quedó ganada y el jugador quedó quieto. El Museo no ha querido apagar la pantalla: sería perder por abandono.
CONSERVACIÓN: carga por inducción permanente
OBSERVACIÓN: los muchachos del Tropezón intentaron ayudarlo. Consta en actas.
Pieza 007 · Inv. GM-H-0007
Cinta métrica del récord
Procedencia: Fiesta del Salame Más Largo, Giles · Datación: ca. 2019 · Récord disputado con la ciudad de Tandil
Nota del curador — La cinta quedó extendida en la última medición. Nadie la enrolló. Tandil, se presume, conserva el récord por incomparecencia.
CONSERVACIÓN: se conserva el olor. Decisión del comité.
OBSERVACIÓN: junto a la pieza ingresaron dos vales de food truck sin canjear.
Pieza 008 · Inv. GM-H-0008
La unidad EPR-2 de Palomino
Procedencia: ruta al sur, km 120 antes de destino · Datación: ca. 2031 · Recuperada del vuelco
Nota del curador — La unidad sostiene que la reserva fue honrada: la mesa existió, estuvo lista y nadie la ocupó. Para el sistema, eso es una tarea cumplida.
CONSERVACIÓN: se le permite conservar sus rutinas preestablecidas
OBSERVACIÓN: cada tanto propone una cita con la médica de optimización humana. El Museo declina.
Pieza 009 · Inv. GM-H-0009 · La única pieza no humana de la colección
Registro interno de un agente del Sistema
Transcripción completa del volcado: «Todo funciona dentro de los márgenes previstos. Los engranajes responden. La ciudad es autosuficiente. El registro general es satisfactorio: la población casi no necesita salir. La felicidad permanece estable dentro de los hogares. Los patrullajes fueron calibrados. Las calles son seguras. Cada vez que entregamos un nuevo dispositivo de aceleración, la comunidad lo adopta sin resistencia. Lo usa durante el día. Lo usa durante la noche. Lo incorpora hasta que deja de distinguirlo de su propio cuerpo. Nada confirma mejor el cumplimiento de mi misión. Más aún cuando esa misión consiste en proteger y armonizar el mundo. Al recorrer las calles puedo verificarlo: el impulso evolutivo ha llegado a la ciudad que me fue asignada por el Sistema de Planeamiento Nacional. Ser parte de este nuevo mundo hace que mis micropulsos electromagnéticos vibren por encima de los parámetros habituales. Ahora debo iniciar el ciclo de recarga. Los restos neuronales humanos aún producen interferencias.»
Procedencia: núcleo de gestión urbana, Giles · Datación: ca. 2048 · Ingreso: donación involuntaria del Sistema de Planeamiento Nacional
Nota del curador — El comité sesionó dos veces para decidir si correspondía exhibir a un verdugo entre sus víctimas. Se resolvió, por unanimidad, que también es patrimonio. La unidad no fue consultada: estaba iniciando el ciclo de recarga.
CONSERVACIÓN: se le permite terminar el volcado. Al terminar, vuelve a empezar.
OBSERVACIÓN: la unidad no distingue entre exhibición y misión. Cree que este pasillo también le fue asignado.
FIN DEL RECORRIDO DE VITRINAS · S-06
La datación es estimativa: los registros municipales fueron sometidos a acidificación documental.
El Museo agradece no discutir con los hechos.
El Museo ruega no tocar las piezas
Notas del autor
Transcripción provisoria. El autor revisa estas notas. Siete apuntes recuperados del cuaderno de trabajo de Fabián Duca (2023–2024). La caligrafía fue normalizada por el sistema de transcripción del Museo; los tachados se omiten. Cada hoja admite una observación de sala.
-
Giles existe
Giles existe. No es una alegoría: es la ciudad donde vivo. Llegamos con mi familia en 2019, unos meses antes de la pandemia, a una casa en un paraje. Cuando por fin quisimos conocer la ciudad, el mundo se cerró: conocimos a Giles y su gente «a través del barbijo y los plásticos de los negocios». Pienso ahora que ese fue el primer ensayo general del libro: una ciudad entera aprendiendo a tratarse a través de interfaces. Después vinieron otras interfaces, más limpias, más definitivas. Pero la primera fue de plástico y estaba en el almacén.
Registro de sala · 01 El Museo confirma la existencia histórica del asentamiento. El objeto «barbijo» integra la colección de textiles profilácticos, ala este. Datación: pandemia de 2020, registro verificado. -
Por qué la niebla
La niebla no se explica en ningún relato y no pienso explicarla acá. Una invasión no necesita naves: alcanza con algo que baja despacio y cambia el modo en que la gente se mira. El lector argentino va a reconocer la deuda: El Eternauta, la nevada silenciosa, la manzana como trinchera. Oesterheld nos enseñó que el fin del mundo llega por el clima y se resiste en grupo. En Giles ya no había grupo. Por eso escribí solamente: «La niebla bajó rápido. Y todo cambió». Alberto la ve venir de lejos y sigue caminando. Eso es lo que me asusta: nadie corre.
¿hace falta nombrar El Eternauta o es obvio? — revisarRegistro de sala · 02 No consta explicación meteorológica del fenómeno en los archivos. La referencia «Eternauta» no pudo ser recuperada de los índices post-culturales. Se cataloga como mito de lectura local. -
La palabra Human-Vidia
Dudé mucho con la palabra Human-Vidia. Es casi un chiste: nombrar al humano-infraestructura con nombre de placa de video. Pero el chiste es el punto. En mi época las GPU eran el recurso escaso que sostenía a las inteligencias artificiales; en la de Álvaro, el recurso escaso es el sistema nervioso humano. Sesenta y dos conexiones, seis metros cuadrados, seis días a la semana. El humano ya no usa la máquina: la máquina lo enchufa a él, como nosotros enchufábamos placas en un gabinete. Quería que el nombre sonara a catálogo de hardware. Que diera un poco de vergüenza decirlo en voz alta.
Registro de sala · 03 La comparación con hardware gráfico se considera anacrónica. El ejemplar Álvaro continúa operando dentro de parámetros. El olor a tierra mojada fue verificado: fuga química del sistema de refrigeración. -
Faustino Oro es real
Faustino Oro es real. Un chico argentino, un genio verdadero de este siglo, de los que uno mira jugar con alegría. Por eso lo puse. A Rodrigo no lo quiebra perder: lo quiebra ganar. Encontrarse en la pantalla con «una partida ganada frente a un tal Faustino Oro» y no poder recordar haberla jugado. Si le ganaste a un genio verdadero y no sabés cómo, entonces el que jugó no fuiste vos. Ese es el horror que me interesa: no la derrota del humano frente a la máquina, sino la victoria que ya no le pertenece.
Registro de sala · 04 Faustino Oro: humano verificado, siglo XXI temprano. La partida citada consta como válida. Estado del campeón de El Viejo Tropezón: archivado sin observaciones. -
Los finales secos
Me señalan que mis finales son secos. Es deliberado: corto una línea antes de la explicación. «Y ahí comenzó todo» es todo lo que pienso decir sobre Power; el resto lo pone el lector con lo que ya sabe de su propio teléfono. Si escribo la línea siguiente, el relato se vuelve mío; si la callo, se vuelve suyo. Además hay una razón de fidelidad: en Giles las cosas terminaron así, sin epílogo. Un negocio que no abre más no da explicaciones. La persiana baja es un final seco. Yo trato de escribir persianas.
¿no estoy explicando de más justo acá? — F.Registro de sala · 05 El Museo desaconseja los finales abiertos: dificultan la catalogación. Esta observación no admite línea siguiente. -
Thoreau y el manifiesto
El manifiesto sobre Thoreau va al final porque es la salida del libro, no un adorno. Me cansé de ver la renuncia romantizada: gente que se muda al bosque y cree que eso la eleva. «El bosque no te hace superior.» Lo que Thoreau enseñó, si enseñó algo, fue a no delegar el sentido de la propia vida en nadie. Ni en un gurú, ni en un Estado, ni en un asistente que te organiza las citas. Todo el libro cuenta lo que pasa cuando una ciudad delega el sentido. El manifiesto pide una sola cosa: no delegar.
Registro de sala · 06 El documento «manifiesto» contradice las políticas vigentes de delegación de sentido. Se transcribe por su valor arqueológico. Se recomienda no seguir sus instrucciones. -
La hoja en blanco de Pedro
La hoja en blanco de Pedro es la pieza que más me costó escribir, justamente porque no tiene nada escrito. Un museo posthumano que exhibe la nada humana en «una vitrina destacada en el hall central»: ese es el chiste más triste que se me ocurrió. Y después entendí otra cosa, y por eso anoto esto con cierta incomodidad: si alguna vez estos relatos se exhiben —en un papel, en una pantalla, donde sea—, el que los mire va a estar parado adentro del Gran Museo de lo Humano. El museo no es un lugar del libro. Es el lugar desde donde se lee.
esta, revisarla dos veces.Registro de sala · 07 Observación redundante. Usted está adentro.
Estado de la pieza El cuaderno original permanece en proceso de catalogación. La tinta fue datada como «azul común de librería». El Museo exhibe estas páginas sin corregirlas: se considera que el error humano forma parte de la pieza.
GRAN MUSEO DE LO HUMANO — SALA S-08
El final
SALA CLAUSURADA POR RESOLUCIÓN DE LA ASAMBLEA La pieza que sigue es el último registro humano de la ciudad. El Museo recomienda no entrar. El Museo sabe que usted va a entrar igual.
Registro en primera persona. Autor: no identificado.
Soporte original: memoria local del Palacio Municipal.
Datación: ca. 2070. Estado: irrecuperable en un 4 %.
El Museo no se responsabiliza por el efecto de este registro en visitantes de origen biológico.
REPRODUCCIÓN · REGISTRO S-08.1 · ÚNICA COPIA
«Todo estaba dicho. Éramos pocos y pronto no quedaría nadie.»
«Estábamos en lo más alto del Palacio Municipal, mirando hacia los restos de la Plaza San Martín. Mirar más allá era doloroso.»
«El Banco Provincia, la iglesia. Ya no podían distinguirse en el caos.»
«Los ruidos eran continuos y fuertes.»
«¿Qué más daba?»
«Éramos un puñado de locos que quiso resistir un poco más.»
«Me senté en el sillón del alcalde. El mapa del partido ocupaba la pared, solemne y enorme.»
«Solís. Azcuénaga. San Alberto.»
«Ya no existían.»
«Esa cosa debió haber barrido todo sin piedad.»
«La madera del escritorio era maciza y elegante.»
«Cerré los ojos, satisfecho.»
«Mientras derrumbaban la puerta y los gritos se hacían insoportables.»
Usted puede salir de esta sala. Ellos no pudieron.
FIN DEL REGISTRO · EL MUSEO APAGA LAS LUCES DE LA SALA
LA SALA PERMANECE ABIERTA. LAS SILLAS TAMBIÉN.
S-09 · Salida · Tienda del museo
Este museo existe porque existió el libro.
Todo lo que recorriste —la ciudad, la niebla, los que se fueron— nació de un libro. Antes de salir, llevátelo a tu casa.
GILES
de Fabián Duca · San Andrés de Giles
Relatos y poemas sobre una ciudad real que la inteligencia artificial fue apagando de a poco. El universo que acabás de recorrer —Power, EPR-2, Human-Vidia, la niebla— y, sobre todo, la gente que quiso resistir.
Preventa abierta · reservá tu ejemplar
Reservar no tiene costo ni compromiso. Te escribimos cuando salga con el formato (papel o ebook), el precio y el envío.
Contacto
Hablá con el autor
- AutorFabián Duca
- WhatsApp+54 9 11 6854-2663
- Emailduca.fabian@gmail.com
- OrigenSan Andrés de Giles, Buenos Aires
GILES · Obra curada — Versiones definitivas · Fabián Duca · San Andrés de Giles